Tres cosas que he aprendido desde mi mudanza a Europa

Interrumpimos el programa culinario que he seguido hasta ahora porque no hace mucho fue el aniversario de mi mudanza a Europa. Hace más de una década que vine al viejo continente y ese día del aniversario me pasaron un par de cosas que me hicieron reflexionar sobre lo que he aprendido.

Más de una década en Europa.

Y seguimos hasta nuevo aviso. Fuente.

Independencia

Si bien es cierto que he hecho amistades en los lugares a los que he ido, he tenido que resolver cualquier situación que se presente sola porque los amigos ayudan hasta donde pueden. A partir de ahí, he tenido que ver que la conclusión de las situaciones o bien sea satisfactoria para mí o que al menos pueda decir “capítulo cerrado”. Al no estar con mi familia he aprendido a llevar una casa sola y a buscármela como pueda. Si tengo un antojo de algo tengo que gerenciármelo yo misma (salvo algunas excepciones), si quiero ropa limpia, comida preparada, etc. tengo que hacerlo yo. En mi casa también era así, pero podía a veces no hacer nada porque sabía que siempre habría alguien que podía hacer esto. Aquí no.

No siempre voy a poder contar con alguien para ir a los sitios o para hacer algo, así que también aprendí a no contar con mis amigos si éstos no pueden ir adonde yo quiera. Esto me pasó sobre todo en Barcelona, donde yo quería ir a muchos sitios que eran interesantes para mí, mas no para mis amistades. ¿Qué pasó? Me fui a guiriar (turistear) sola. Esta situación se repitió tantas veces, que aprendí a no depender de nadie a la hora de hacer actividades de mi agrado y ahora que estoy de vuelta en Dinamarca hay cosas que quiero hacer sola. Así, dejo de lado ese comportamiento que tenía en la isla, donde para hacer la mayoría de las cosas debía estar acompañada (aunque fui a muchos conciertos sola).

Cambios en los hábitos alimenticios

Viviendo en la isla yo era lo más mañoso del mundo mundial. Todavía lo sigo siendo, pero al vivir por aquí me ha entrado la curiosidad por salirme de las cocinas conocidas por mí y probar otras cosas. Me he vuelto más curiosa por probar alimentos nuevos o alimentos conocidos desde antes pero que “despreciaba”. Por ejemplo: cuando vivía en la isla no me gustaban mucho los plátanos y ahora los adoro y poco a poco he aprendido a comer comida mexicana con picante.

También he perdido otros hábitos que tenía, como por ejemplo el de usar azúcar. En la isla yo endulzaba todo y ahora solamente endulzo el té y el yogur (con miel de abeja). Así mismo, perdí lo que en inglés se llama “el diente dulce” (sweet tooth), puesto que antes comía muchas golosinas, barras de chocolate y dulces y ahora los como en muy contadas ocasiones y en muy pocas cantidades. Nunca he sido muy enfermiza, pero mis hábitos alimenticios han mejorado. Ahora no me privo de nada sino que como todo lo que quiero con moderación y trato de tener un estilo de vida menos sedentario.

Sentido aventurero

Vivir por aquí incluye estar expuesto a muchas otras culturas que antes no tenía cerca de mí (a pesar de que en mi ciudad hay mucha gente de muchas otras culturas). Siempre he sido curiosa pero antes dependía, de cierta manera, de tener gente conmigo para hacer nada. En los últimos meses me ha dado con probar cosas que antes no me había planteado, como nuevas formas de ejercicios, simplemente porque me llaman la atención o porque el nombre o la descripción de la actividad “suena divertido”. Me conozco bastante bien y sé mis límites, para lo que doy y no doy, pero igual hago lo posible por probar algo que nunca he hecho porque “nadie sabe, a lo mejor se me da bien”. Y si por mano de lo que sea no se me da bien, al menos lo probé y me la pasé bien – porque resulta que soy muy buena para divertirme 😀

He aprendido muchas otras cosas más que son específicas a los 3 lugares donde he vivido, pero como que estas 3 son las principales o sobre las que más he reflexionado y que son común denominador.

Otra cosa que no he aprendido, sino reforzado, es la revaloración de las amistades. En la isla yo creía que todas las personas que decían ser amigas mías lo eran y yo quería ser amiga de todo el mundo. Con el tiempo aprendí que no todos los que son amigables conmigo quieren mi bien y entonces empecé a usar el término “conocidos”. Viajando y viviendo por estos lares me ha enseñado que hay otros tipos de amistades, como por ejemplo:

  • Amistades de viajes: nos conocemos mientras estamos viajando y nos divertimos, pero no intercambiamos el Facebook, el e-mail o los teléfonos.
  • Amistades de hobby/pasatiempos: nos gusta el mismo hobby o pasatiempo y nos reunimos solamente para eso, ya que por mutuo acuerdo (no siempre hablado) la amistad no va más allá de ahí.
  • Amistades de trabajo: son los compañeros de trabajo que de una forma u otra son con los que uno más comparte, pero que la amistad no se extiende a más allá del horario o las actividades laborales.

Todas estas (y otras) amistades tienen su espacio para conmigo y he observado que son necesarias, sin que esto le reste importancia a los amigos de verdad, con los que sé que puedo contar.

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